Murder By Contract es un noir brutal, pesimista y que debería ser más conocido.

Nunca había visto Mildred Pierce, la película original de Michael Curtiz de 1945, no la miniserie con Kate Winslet de hace algunos años atrás (demasiados años hace muy poco). Mildred Pierce es un dramático noir, de efecto potente y notable actuaciones comandadas por la soberbia Joan Crawford. Pero no voy a hablar de Mildred Pierce en absoluto.

Vi Mildred Pierce en la noche, cuando acabó dejé correr los créditos mientras miraba por la ventana con expresión seria, haciendo como que desarrollaba algún análisis profundo de lo visto. La expresión la hacía a pesar de que vivo solo, pero mi mente – perseguida y vigilada –  siempre se siente observada. Los créditos acaban y de inmediato aparece la Señora De La Antorcha en majestuoso blanco y negro (era la carpeta de clásicos) y dos segundos más tarde un tipo en musculosa a lo John McClane, preparándose para salir, todo bajo el influjo de una música, que si supiera de música podría definir, pero que tiene un sabor afrancesado que me hipnotiza aún más. Y es que también hay algo de El Samurai en este hombre que se prepara – con tiempo y cuidado – para su misión. Es un hombre con un propósito, un hombre que se ha organizado, algo que queda claro en el momento en que acaba de cepillar sus zapatos y acomodar su corbata frente al espejo. Es un hombre que puede enfrentar todo lo que la vida le ponga por delante. En ese momento aparece el nombre del director, Irving Lerner. No lo conozco ni en pelea de perros, lo que bien puede hablar de mi ignorancia y no de su falta de talento o fama, pero lo que estoy viendo de inmediato me tiene cautivado. ¿De dónde salió esta película y por qué la tengo y por qué no la había visto antes?

El tipo con un propósito se llama Claude y va a visitar al señor Moon. Entramos de lleno en el mundo de la mafia y los asesinatos por encargo. Pronto sabemos que Claude tiene un buen pasar, en un trabajo honrado y con beneficios, pero quiere mejorar, comprar una casa de vacaciones. Con su trabajo le tomaría décadas lograrlo, por lo que quiere apurar las cosas un poco.

Un inicio decidido y un personaje enigmático son lo que se presentan en los primeros cinco minutos Murder By Contract (1958), un bello, violento y triste noir. Desconocido para mi, de inmediato averiguo que es una de las películas preferidas de Martin Scorsese (por eso debe ser que lo tengo) y es fácil entender el motivo. Murder by Contract es un policial sin tregua. Cada plano, cautivado de manera magnética por Vince Edwards, narra y construye de manera sólida a este misterioso personaje y este particular mundo del hampa.

Los contratos comienzan y Claude demuestra ser un hombre tan de confianza como efectivo. Sus resultados son siempre los deseados. La vida va bien. Pero la vida se aburre de que las cosas resulten y siempre te deja caer un caso de lo peor. Una de esas cosas que sólo existen para hacerte daño, arruinar sueños, hacer la vida insoportable.

Vamos, un lunes cualquiera.

Claude se precia de no usar armas sino su ingenio para llevar a cabo sus planes. Su inventiva es espectacular – a ratos me recordaba la mente perversa de Vince Gilligan –, pero  su nuevo encargo resulta ser algo que tiene problemas para manejar. No solo eso. El trabajo es tan de alto perfil e importante para sus jefes, que le son enviados dos guardaespaldas. Pero son de esos guardaespaldas que te disparan llegado el caso de que no cumplas con tu promesa.

El blanco resulta ser una mujer, y cada asesino tiene su corazón. Y también su precio justo. Algo de moral y principios tiene Claude. Pero la moral nunca se ha llevado bien con el asesinato.

Claude sabe que la vida es tiempo y qué es lo que haces con el que tienes. Una filosofía de vida que le deja en claro a un pobre mesero en el hotel donde se queda. Un pobre hombre en el cual descarga su rabia y frustración, y a quien entrega después una suculenta propina.

Claude también sabe que la vida y el tiempo son una mezcla imposible de poner de acuerdo.

Un hombre que se pone en forma. Scorsese rendiría homenaje años más tarde a esta secuencia.

Los días (tiene diez días para llevar a cabo el encargo) transcurren bajo la estricta mirada de sus dos cuidadores. Uno de ellos lo odia y considera un imbécil. Con el otro entabla una relación basada en el respeto y en cierta admiración. Pero el tiempo se va acortando. Los días corren de prisa y Claude ha estado desperdiciándolos. Y cada uno tiene una misión.

Murder by contract es una película de filo rugoso, que corta despedazando todo a su paso. Una cinta sin pulir pero efectiva, que transita la misma senda de la seminal Detour y poblada de perfectas actuaciones comandadas por el monumental Edwards, notable en su representación de este asesino implacable pero con talón de Aquiles.

La fotografía en blanco y negro a cargo de Lucien Ballard (quien había trabajado con Stanley Kubrick en The Killing y que luego haría equipo junto a Sam Peckinpah en The Wild Bunch y The Getaway) es admirable, tanto por el uso de su escala de grises – sacando todo el provecho al 18% – como por su cámara móvil, que se atreve a recorrer locaciones, en estudio y reales, de manera meticulosa y efectiva. La descripción silente del atentado con alta tensión es precisa y práctica. Filmada con arrojo y con algo más que el vuelto del pan, Lerner y Ballard demuestran un gran dominio en especial para el uso de las calles y exteriores en general.

Pero al final, ¿qué hacemos con las misiones que tenemos en la vida? ¿qué hacemos con los pecados que portamos? No es difícil entender algunos de los motivos por los que Scorsese admira tanto este film. Es difícil entender el motivo de por qué esta película no es más conocida, respetada y estudiada. No digo que es una obra maestra.

Retiro lo dicho.

Creo que sí es una obra maestra, por eso menos aún entiendo su olvido.

El enfrentamiento final, aunque breve, es brutal y desalentador. Sabemos hacia dónde nos llevan nuestras acciones y sabemos que todo acaba en medio de la oscuridad, solos y buscando un lugar donde escapar y estar en paz, ya ni siquiera buscando felicidad. Pero la paz llega de distintas maneras. La paz llega en medio del miedo. Siempre el final es el silencio eterno. Una mano extendida que nadie se interesa en sostener.

Por cierto, la película se encuentra tanto en YouTube como en Vimeo.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s