Small Axe: Mangrove. Injusticias y Racismos en un potente drama.

Mangrove, la primera de cinco entregas de la antología de Steve McQueen titulada Small Axe, comienza en 1968 en el barrio de Notting Hill en Londres. Y todo comienza como un buen día, cuando Frank Critchlow (Shaun Parkes) llega a su recientemente adquirido restaurant, Mangrove. Critchlow, natural de Trinidad, ha tenido algunos encuentros con la autoridad en su pasado, pero esta vez quiere comenzar limpio y hacer las cosas bien. Después de todo, si se hacen las cosas de acuerdo a la ley, el sistema te protegerá. Corte directo a El Sistema, representado aquí por Frank Pulley (Sam Spruell) un oficial de la policía, racista hasta la médula y que ve a los inmigrantes como un peligro. Constantes redadas al Mangrove – con la simple excusa de que Critchlow alguna vez violó la ley – logran que el lugar comience a tambalear económicamente, debido a que ningún potencial cliente quiere entrar en el lugar, por muy sabrosa que sea su comida.

Comencé diciendo que esto ocurría en 1968 en Londres, pero como toda historia de racismo y odio, está más vigente que nunca. Mangrove comienza como una historia más de abuso policial y violencia contra las minorías producto del racismo, pero todo cambia cuando las minorías se levantan contra la autoridad. Aquí toman protagonismo Altheia Jones (Shuri en Black Panther) y Darcus Howe (Malachi Kirby), ambos intelectuales y miembros de los Panteras Negras, quienes convencen a Critchlow de salir a la calle para protestar en contra de la situación. La policía no tarda ni duda en acabar con la demostración y detener a los cabecillas.

Y es que la historia se repite una y otra vez, no importa el año y no importa el lugar en el mundo.

En la segunda mitad, Mangrove se instala de lleno en el terreno del drama judicial, en lo que fue conocido como Los Nueve de Mangrove, un juicio de alto perfil que buscaba poner como ejemplos a estos insurrectos que se levantaban contra la autoridad. Es quizás en esta parte en que la narración se vuelve un tanto didáctica, pero no deja de emocionar y atraer por los hechos que describe, también no dejan de impresionar las implicaciones con la realidad de hoy en día en un mundo que, a ratos, parece congelado en su actuar, inamovible en sus ideas y dispuesto a todo para que nada cambie. Aunque ambientada en el pasado, Mangrove se siente tan actual que incluso resulta enojosa. El estado de las cosas parece ser inamovible y no se aburre de repetirse una y otra vez.

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