The Dark and the Wicked. Una humana y terrorífica historia acerca del duelo.

Las familias se desarticulan con el tiempo. Los alejamientos se producen y cada uno de los integrantes comienza su propia vida. Pero cuando los padres lo necesitan los hijos vuelven, aunque la madre no quiera que lo hagan. Así comienza The Dark and the Wicked, la nueva película de Bryan Bertino (The Strangers).

Los hermanos en cuestión son Michael (Michael Abbott Jr.) y Louise (Marin Ireland) quienes vuelven a la granja familiar después de algún tiempo de ausencia, debido a que su padre agoniza, la madre necesita ayuda y la hora de la despedida se acerca. Aunque siempre arisca, la madre los recibe de manera más tosca de lo esperado y más pronto que tarde los está echando del hogar. Los hijos se resisten. Y es que quieren ser buenos hijos, buenas personas, lo que siempre ocurre cuando alguien está a punto de morir; que bien cae un lavado de conciencia por pecados pasados. Lo que los hijos no saben es que en el lugar existe una oscuridad peligrosa, que está envenenando todo cuanto en él se encuentre.

La granja está aislada de la civilización, del mismo modo en que lo están quienes la habitan. Durante tiempo conectado a máquinas, el patriarca de la familia ya no existe más que en recuerdo y en un bulto que descansa en la cama. La madre, quien ha estado por años aguantando y sacando adelante el lugar, está colapsando lentamente y su neurosis por el cansancio y el terror de saber que hay algo que la acecha, pronto cobrará su precio en sangre. En cuanto a Michael y Louise, ambos cargan con las culpas del pasado, de haber abandonado el lugar y de querer ahora arreglar las cosas antes de que sea demasiado tarde. El aislamiento no es sólo físico sino que también emocional. Es una familia donde poco se demuestra y poco se habla, algo que también viene con un precio por pagar.

Bertino vuelve al terreno que lo vio nacer y lo hace con su mejor película. Una humana y terrorífica historia acerca de la pérdida y el duelo, que de manera sostenida va tornándose más y más oscura.

El relato se extiende durante una semana y Bertino va separando con intertítulos cada día, lo que trae a la memoria el clásico El Resplandor, pero Bertino no copia, sino que presta homenaje y repleta su historia con elementos tan básicos como terroríficos. Porque Bertino, experimentado en el género, sabe que el terror emana del día a día, en los silencios, en los murmullos o en un peso extra en la cama.

The Dark and the Wicked no se interna en explicaciones concienzudas y menos le interesa entregarlas. Su relato es enigmático y ambiguo, dueño de un pesimismo negro y entregado al absoluto abandono de la esperanza. Y es que las presencias malignas pueden ganar de muchas maneras y suelen hacerlo, es especial cuando nos damos cuenta muy tarde de la verdad. Su final, aterrador y desesperanzado, nos dejará pensando mucho rato, mientras encendemos todas luces de casa.

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