Black Bear. De Obsesiones y Procesos Creativos.

Un trío romántico, una cabaña en el bosque junto a un lago, una directora/guionista que anda a la caza de una nueva historia, ¿qué podría salir mal?

Allison (Aubrey Plaza) es una actriz que ha devenido a la dirección en el cine independiente. Sintiéndose vacía y buscando inspiración, llega al B&B que manejan Blair y Gabe (Sarah Gadon y Christopher Abbott), una de esas parejas que no tardan en demostrar que no están destinadas el uno para el otro. Independiente a sus obvias diferencias, el sueño que poseen es el de convertir el lugar en un retiro para artistas que, como Allison, andan en búsqueda de inspiración. La pareja no tarda demasiado en demostrar que su relación, tensa y pasivo agresiva, no son atractivas al relajo.

El flirteo de Gabe hacia Allison se hace pronto presente, así como la rabia y la frustración de la embarazada Blair. Después de una incómoda cena que deriva en esas discusiones comandas por los celos y los resentimientos que después derivan en las peores decisiones que se pueden imaginar, todas las piezas de la historia se detienen y reordenan. Un nuevo comienzo, con los mismos actores en completos nuevos papeles en la misma locación. Gabe y Blair son ahora un matrimonio bastante cómplice, donde él es el director/guionista de una película que se filma en el lugar. Una cinta protagonizada por una complicadísima Allison, quien está pasando una crisis emocional que decide batallar con alcohol.

Black Bear es un pequeño pero muy efectivo ejercicio metalingüístico dirigido por Lawrence  Michael Levine, un director totalmente nuevo para mi, pero que resulta ser el guionista de la notable Always Shine que resulta ser dirigida por su esposa, Sophia Takal, a quien esta cinta está dedicada y que presenta más de una obsesión en común con Black Bear. Y es que de obsesiones es lo que va esta pequeña y muy divertida historia. De obsesiones y procesos creativos, algo que se siente desde su plano inicial, con Allison sentada en ese muelle junto al lago, vistiendo un traje de baño rojo que la hace resaltar frente a esa muralla de densa niebla que cubre el lago. Una muralla blanca que espera por ser escrita, y que lo está siendo en la mente del personaje.

Es cierto que termina siendo un un ejercicio intelectual que abarca y cabalga la semiótica como pocos se atreven. Para algunos quizás resulte críptica o cansina, en el hecho de que te hace preguntarte y replantearte realidad, hechos y dichos que se tenían grabados en piedra, pero también resulta en un ejercicio divertido y ambicioso, a ratos íntimo y a la larga muy satisfactorio. Aubrey Plaza está como siempre para aplaudir de pie, en su doble e impenetrable personaje(s), siempre alerta, divertido, sardónico, serio e imposible de leer. Lo mismo corre para Gadot y Abbott como esa pareja imposible que muta en los seres más manipuladores y ampalagosamente cómplices y dispuestos a mucho para lograr su cometido. Mención aparte para el equipo de filmación en escena, todo aquel que haya estado en un set los reconocerá.

Black Bear es uno de esos pequeños y brutalmente efectivos estrenos del año, esos estrenos que quedan extraviados en la vorágine de lanzamientos online en el embravecido mar de servicios streaming, un estreno que vale mucho la pena buscar en la triple W.  

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