Tengo Miedo, Torero. El Amor en Tiempos de Caos.

En un momento histórico en el que Pinochet aún reinaba, haciendo que la locura y la violencia rigiesen en Chile, el amor más profundo y poético surge en el corazón de La Loca del Frente, protagonista inolvidable de la novela de Pedro Lemebel, Tengo Miedo, Torero.

Es el año 1986, pocos meses antes del atentado del 7 de septiembre. La Loca del Frente es un travesti cuarentón que ha llegado a vivir a una casa medio derrumbada en el centro de Santiago, y que pronto es conocida en el sector por su pasión por escuchar boleros a todo chancho y su extrovertida personalidad. En un almacén del barrio conoce a Carlos, un joven y guapo estudiante universitario a quien, gustoso y feliz, le permite guardar en su casa, algunas cajas con libros; total, espacio sobra y las cajas sirven como muebles. Y en especial, porque Carlos continua visitándola. Y cuando no va solo, va con otros amigos universitarios y se quedan a estudiar “de toque a toque”. Y más y más cajas llegan. Y el amor que La Loca del Frente siente por Carlos, no deja nunca de crecer.

El amor nunca es fácil, menos cuando eres un homosexual de más de cuarenta, enamorado de un joven en sus veinte. Pero eso no le impide a la Loca del Frente andar más feliz por la vida, sirviéndole algo para comer a su querido Carlos cada vez que pasa por su casa o contándole a la Rana, su mejor amiga, acerca de su nuevo enamorado. Al menos que en la fantasía se experimente el amor.

Carlos resulta ser militante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y uno de los integrantes del grupo que prepara el atentado en la cuesta Las Achupallas. Tampoco es que Carlos haya tratado demasiado de ocultar que él y sus amigos andaban en algo raro, y eso tampoco es algo que a la Loca del Frente le preocupe. Incluso con el eventual peligro que ella corre al ayudarlos.

Intercalada en la narración, entramos en el matrimonio del dictador y su mujer, Lucía. Divertidísimos son estos capítulos donde conocemos la dinámica del matrimonio, una solazada sátira de una mujer que no para nunca de hablarle a su marido, un tipo chato de mente, lleno de odio y resentimiento, que sólo quiere que lo dejen en paz y poder escuchar sus marchas favoritas. Este paralelo se intensifica a medida que la narración avanza, llegando a un alucinante paralelo en el momento del atentado.

Pedro Lemebel escribe con soltura e ingenio, utilizando un lenguaje lleno de riqueza en su simplicidad. Repleto de sarcasmo e irreverencia como siempre fue su marca de fábrica, Lemebel no se queda corto al sondear los insondables dominios del corazón. En la Loca del Frente y su largo peregrinar hacia su sueño de relación, o su relación de ensueño, encontramos el verdadero y poderoso latir de una historia que no por particular, es menos universal.

Después de revisitar este pequeño clásico, sólo aumentan las ganas de ver al gran Alfredo Castro en los tacones de nuestra heroína, en la próxima adaptación cinematográfica.

Trailer aquí abajo.

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