The Cabin At The End Of The World. Cuando El Terror Nos Invade.

Unas tranquilas vacaciones familiares, se transforman en un escenario de invasión al hogar con insospechados tintes apocalípticos, es lo que Paul Tremblay trae en su novela The Cabin at the End of the World (2018).

A Tremblay ya lo conocía por su libro anterior, A Head Full of Ghosts, y como ya lo hiciera en aquella ocasión, en The Cabin tampoco entra en terrenos sobrenaturales de manera plena, sino que navega en una ambigüedad en la que los sucesos que ocurren bien pueden ser simplemente, las acciones de gente muy desequilibrada.

En las primeras páginas conocemos a Wen, una pequeña de siete años, natural de China, quien ha sido adoptada por sus nuevos padres, Andrew y Eric. Ahora la familia pasa sus vacaciones en una apartada cabaña en New Hampshire. El lugar es pronto asediado por cuatro individuos: Leonard, Redmond, Sabrina y Adriane, quienes blanden extrañas armas, a la vez que claman no querer dañar a nadie.

Aunque todo el planteamiento suena extremo cliché, Tremblay se las arregla para innovar en su historia, escapar de los espacios comunes y entregar una situación tan maquiavélica como atrapante y asfixiante. El cliché está sólo en su planteamiento, el desarrollo de los hechos es lo que vale la pena.

Los cuatro extraños jinetes del apocalipsis dejan en claro sus intenciones: el fin del mundo se acerca y la única manera de evitarlo es si Andrew, Eric y, por extensión, Wen, están dispuestos a sacrificar a uno de ellos para detener los acontecimientos.

El mejor terror es el que tiene anclaje en la realidad, por ende sus historias son extensiones de eventos reales, como lo fue la invasión de monstruos gigantes durante la fiebre atómica de los 50 en el cine. Los invasores en The Cabin, claman que han llegado al lugar debido a las visiones que cada uno ha tenido. Dicen que previo al día en cuestión, jamás se habían conocido. Las cosas cambian cuando resulta que ahora claman que las visiones son reales, pero la unión ha sido gracias a un foro en internet. En internet no existe soledad y siempre encuentras a alguien que piensa como tú.

¿Qué clase de información se está consumiendo? ¿Qué pasa con esa gente que está decidida a creer todo lo que les dicen o leen? El mismo Tremblay ha dicho que quería un libro que reflejara lo que es vivir, no sólo en Estados Unidos bajo el gobierno de un déspota narcisista en constante guerra en contra de la verdad, sino en un mundo gobernado por opiniones sacadas de redes sociales durante un bombardeo inmenso de desinformación. Porque la desinformación, que ha ratos parece haber tomado control de las cosas, es la simple producción de muchos y el alimento para tantos otros. ¿Qué se está dispuesto a creer? ¿Hasta dónde podemos dudar y estar dispuestos a dudar de nuestras creencias?

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