Richard Ford. Incendios.

En el otoño de 1960, cuando yo tenía dieciséis años y mi padre llevaba sin trabajo algún tiempo, mi madre conoció a un hombre llamado Warren Miller y se enamoró de él. Comienzo claro y potente que hace Richard Ford en su cuarta novela, Incendios (1990).

Ambientada en un pequeño pueblo de Great Falls en Montana, esta es la historia de Joe, un adolescente que resulta testigo privilegiado del quiebre en el matrimonio de sus padres. Pero no por estar en primera fila, logra entender de manera cabal lo que pasa. Es imposible para él hacerlo, en especial cuando ni los protagonistas de los hechos lo saben del todo bien.

La familia ha acabado en este pequeño pueblo siguiendo los sueños del padre. Sueños que no se han realizado pero que independiente a esto, han logrado seguir tirando para adelante. El padre ha logrado sacar provecho a sus conocimientos en el golf y hace clases en el club del lugar. No es un gran vida, pero es trabajo honesto, como decía alguien por ahí.

Todo cambia y comienza el quiebre cuando el padre es despedido del lugar. Aprietos económicos, distanciamiento en la pareja y Joe testigo ajeno a lo que ocurre al interior de los corazones de sus padres.

¿Por qué se hacen las cosas que se hacen? ¿Por qué un actuar determinado? El corazón es extraño y más lo es en períodos de crisis. Es así como el padre decide ir a combatir los inmensos incendios forestales que atacan las cercanías. La idea es pésimamente recibida por su mujer y con estoicismo por Joe. ¿Qué sabe ese hombre de incendios? Nada. ¿Por qué decide abandonar a su mujer e hijo? Quizás el ansia de tratar de controlar algo, lo que sea, y enfrentar algo tan demencial y salvaje como lo es un incendio forestal es que lo lleva a actuar de esa manera. Un incendio al menos es tangible aunque sea inabarcable

La madre de Joe es una mujer que nunca ha claudicado en seguir adelante con su familia. Pero todo tiene un límite y Great Falls, el golf, los incendios, la ida (¿huida?) de su marido hacia esa pira descomunal han llevado a que todo termine por cortarse. El amor – sentimiento tan feroz como el fuego que anida en las montañas – aparece en la vida de la mujer. O eso cree ella y eso cree Joe. El señor Miller es descrito y analizado únicamente desde los ojos del muchacho, narrador de la historia, por ello la figura de este hombre ancho, mayor que su padre y con una cojera en su pierna izquierda, es lejos de ser atractiva. Pero su madre ve algo en ese hombre, así como vio algo en su padre, años atrás, cuando aún se amaban. Y las cosas deberían estar bien para ella. Pero ¿por qué la madre comienza a provocar de manera constante a su hijo? Primero lo lleva a cenar a casa de Warren, a pesar de la renuencia de Joe, y más tarde lleva a Warren a su propia casa.

Instintos, miedos, rencores, sueños, son solo algunos detonantes en los corazones. Nuestra propia naturaleza, con la cual siempre debemos batallar. Es importante apuntar que el título original de la novela es Wildfire, Vida Salvaje, bastante distinto al literal Incendios. Un título que puede entregar ciertos indicios en las acciones de estos personajes. Para Joe, es una historia de iniciación. El momento en que la adolescencia queda atrás para siempre y se transforma en algo que nunca pensamos se perdería.  

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