Richard Stanley. Colour Out of Space.

El año era 1990 y el título de la película era Hardware, una cinta de bajo presupuesto que mezclaba horror y ciencia ficción, tan repleta de cabos sueltos como de buenas ideas. La película se transformó en una obra de culto y le entregó a su director, Richard Stanley, el hermoso sueño de un prometedor futuro en el cine. Luego vendría Dust Devil (1992) y finalmente su paso a las ligas mayores en Hollywood: llevar a cabo su largamente gestado sueño de adaptar el clásico de HG Wells La Isla del Dr Moreau (1996). El resultado fue su despido de la producción a menos de una semana de iniciada la filmación. Este regalo de despedida fue gracias a la “estrella” de la cinta, Val Kilmer, quien ya se ganaba su fama de despreciable ser humano.

Veintiséis años tendrían que pasar para que Stanley volviera a dirigir un largometraje. Para ello sumó fuerzas con Nicolas Cage – otro demente, pero un demente profesional – y lograron sacar adelante la adaptación del clásico de H.P. Lovecraft, El Color Que Cayó del Cielo. El resultado es absolutamente trastornado, bellamente estético, a ratos excesivo y barroco.

Cage interpreta a Nathan, un granjero de buen corazón y varios problemas, entre ellos sus hijos que no siempre aportan y el declive de su vida sexual junto a su mujer, Theresa (la gran Joely Richardson), esto a consecuencia de la mastectomía a la que ha sido objeto. No debe ser fácil retomar la normalidad de tu vida cuando tu cuerpo ha sido mutilado.

Una noche en la que Nathan y Theresa están tratando de arreglar su situación, una inmensa y brillante luz cae del cielo en medio de su campo. Lo que parte siendo una anécdota – ¡un meteorito que cae en tu propiedad! – se transforma en algo totalmente distinto, cuando la ponzoña que emana de aquella roca, comienza a emanar su tósigo y sus miasmas a filtrarse en toda la flora y fauna del lugar, trayendo aparejado el terror y la destrucción.

Colour Out of Space asusta, entretiene y asombra por su libertad. Sin duda Richard Stanley ha estado mucho tiempo a la espera de este momento, cuando por fin podría pisar un set y llevar a cabo la visión que tenía en su imaginación. Por su parte, Cage está zafadamente controlado y perfectamente enloquecido, con sus tics y ojos desorbitados que hemos aprendido a apreciar y estimar, contribución perfecta para la trama de paranoia que comienza a apoderarse de los habitantes de esta granja de alpacas. Por cierto, ¿mencioné que Cage tiene una granja de Alpacas? Si ese simple detalle no provoca ganas de ver esta singular y bella extravaganza, no sé qué más se puede decir.

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