John Fante. Sueños de Bunker Hill.

John Fante es de esos autores que, independiente a la gran calidad de sus trabajos, ha permanecido más bien oculto a los ojos de la mayoría. Es considerado uno de los precursores de la Generación Beat, de la cual surgirían Kerouac, Ginsberg y Burroughs entre otros, y dedicó gran parte de su vida a la literatura. Escribió mucho, no fue muy publicado en su época y su reconocimiento, para variar, llegó después de muerto. Se ganó la vida escribiendo guiones en Hollywood, aunque la mayoría nunca fue producido. Escribió acerca de escritores y de las penurias que existían en el oficio y siempre supo de lo que hablaba.

Comenzó publicando en 1938 y su primer libro fue Espera hasta la primavera, Bandini, en donde aparece por primera vez su alter ego, Arturo Bandini, iniciando así lo que se llamó el Cuarteto de Bandini, que fue seguido por Pregúntale al Polvo (1939), Sueños de Bunker Hill (1982) y Camino a Los Ángeles, segunda novela en orden cronológico, pero que se mantuvo inédita hasta 1985.

En medio de esta pandemia, tomé Sueños de Bunker Hill, última entrega de la saga y visité una vez más a Bandini, quien ahora vive en los Ángeles, en una pensión ubicada en las alturas de las colinas Bunker. Trabaja como ayudante de camarero en un restaurante, desde donde salta a corrector de estilo en una pequeña editorial. Allí conoce a Jennifer Lovelace, una estilizada socialité con ínfulas de artista a quien, sin cuidado alguno, destroza y reescribe uno de sus cuentos, con los susodichos problemas que esto le trae. Y es que Bandini peca de impulsivo, tiende a actuar y luego a pensar en las consecuencias de sus acciones. No es una mala persona, solo tiene muchas ganas de hacer muchas cosas.

De socialités pasa por algunas prostitutas y después a guionista en Hollywood, en donde la diferencia con la prostitución es mínima. El jefe de un estudio lo contrata para que escriba, sólo que no hay nada para escribir. A pesar de la nada despreciable paga semanal, Bandini se siente como un estafador, como siempre ocurre cuando te pagan por un trabajo que no lo vale.

El amor le llega de la mano de la señora Brownell, la dueña de su pensión, quien bien podría ser su madre. Un amor que nace condenado al fracaso, y al dolor engendrado que existe cuando el egoísmo anida en una relación.  Bandini puede tener un gran corazón, pero también es un individuo desordenado, soñador, amante de las mujeres y dispuesto a nunca quedarse quieto. Entiende que la vida es para vivirla y experimentarla. Y siempre está en eso.

La historia está ambientada en 1934, cuando Bandini recién se empinaba a los veintiún años. Por las páginas de Bunker Hill pasean personajes como Dalton Trumbo, Sinclair Lewis y Ben Hecht. Vemos cómo cambia de trabajo y cómo se mueve por el medio hollywoodense, en donde acaba colaborando con la prestigiosa (y ficticia) escritora, Velda von der Zee, quien se convertiría en un inmenso fastidio y decepción.  

No cabía la menor duda: estaba chalada. Vivía en un mundo de nombres, no de cuerpos ni de seres humanos, sino de nombres famosos (…). Era embustera, una embustera simpática, con la cabeza llena de anécdotas absurdas.

Resulta no menos sobrecogedor saber que Sueños de Bunker Hill fue la última novela de Fante, la cual dictó a su mujer cuando ya estaba ciego y con sus piernas amputadas producto de la diabetes. De estilo directo y jamás carente de humor, Bunker Hill es una obra bella y poderosa, que resulta no sólo un gran final para las aventuras de Bandini, también para la obra del genial John Fante.

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